catecismo

El libro que presentamos hoy es un facsimilar, es decir, es una copia o reproducción casi idéntica de un libro antiguo y de gran valor: Se trata del “Catecismo de Fray Pedro de Gante”,  de un pequeño y singular libro de catecismo elaborado en pictogramas, es decir, ilustraciones indígenas aztecas, que en su primera página reza textualmente “Este librito el de figuras con que los Missioneros enseñaban a los indios la Doctrina a el principio de la Conquista de Indias”.

La copia facsimilar del minúsculo volumen mide tan solo 55 x 75 milímetros. Tiene 83 páginas en papel de hilo, conocido también como papel de trapo, y una cubierta de suave cuero grabado. Cuenta además con una solapa de forma triangular, con un bello sistema de cierre en oro, el cuál fue hecho a mano por el orfebre Alvaro Prada.

El contenido total del libro está en pictogramas o dibujos mediante los cuales se hacen representaciones de conceptos del catecismo, estos están ordenados en franjas para su “lectura” y se interpretan de derecha a izquierda.

Se conserva en un estuche de terciopelo azul, con certificado de autenticidad en el cual se declara que hace parte de una edición numerada, correspondiendo a este ejemplar de la Biblioteca Central UPB el número 10 de un tiraje de 980 ejemplares facsimilares.

Además, la publicación está acompañada de un libro o Estudio Crítico del padre Justino Cortés Castellanos, especialista mejicano en los llamados catecismos testerianos o pictográficos publicados por Testimonio Compañía Editorial de Madrid.

El original de este Catecismo de Fray Pedro de Gante se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid, España, y los especialistas le han asignado una fecha probable de elaboración entre los años 1525 y 1528.  

Su autor es el fraile franciscano Peeter Van der Moere conocido como Fray Pedro de Gante, nacido en la ciudad de Ayghem-Saint Pierre, un suburbio de Gante en Francia, quien era un hábil constructor, educador y catequista incansable. Fue, además, el fundador del colegio de San Francisco, ubicado al lado de la capilla de San José de Belén de los Naturales en Ciudad de México.

Al final del libro, en la página 83, se encuentra la firma de fray Pedro en dos líneas, dando cuenta de su autoría; sin embargo, no se conoce el nombre del dibujante de los pictogramas o del tlacuilo, palabra con la que se dice “dibujante” en la lengua Nahualt, originaria de México, utilizada por los aztecas..

Este libro es considerado de una monumental importancia patrimonial, histórica y cultural pues fue el mecanismo educativo por excelencia del proceso de cristianización durante la conquista del continente americano y se ha estudiado desde diversas perspectivas: antropológicas, teológicas y catequéticas.

La que se señala aquí es, además, la riqueza de una gran complejidad en los signos y el lenguaje. Para empezar, se debe recordar que numerosos frailes misioneros y doctrineros fueron protagonistas por decretar la quema de centenares de códices precolombinos. Otros, como Pedro de Gante, fueron promotores de la elaboración de códices pos hispánicos como un método para el aprendizaje y memorización de la doctrina cristiana. Es por esto que la base fundamental del método didáctico del catecismo en aquella época fue la siguiente:

Primero, los frailes aprendían la lengua náhuatl –el misionero europeo se mexicanizaba para cristianizar en lengua pagana-

Segundo, convencía a nativos que fueran hábiles dibujantes de figuras, para que “escribieran” con pictogramas sencillos o mixtos, las nociones básicas del cristianismo: el ‘tlacuilo o dibujante’ elaboraba pues un catecismo cristiano con figuras paganas, que le dictaba el fraile en su propia lengua, el náhuatl.

Tercero, se daba la mexicanización de otras comunidades indígenas por la utilización del mismo librito de figuras.

Y cuarto y último, se hacía un arduo proceso de traducción y concordancia para que por medio de la invención de términos se pudieran transmitir y acomodar los conceptos cristianos que no existían naturalmente en lengua náhuatl. Un ejemplo, entre muchos, es la noción cristiana de culpa -¿cómo decirlo en náhuatl?-. El tlacuilo espera y escucha las explicaciones del fraile, -ah, ¡lo más doloroso!- entonces dibuja un abejorro en vuelo, armado con su terrible aguijón.

Otro ejemplo de este proceso se dio con la frase: “Dadnos el pan de cada día…” –en náhuatl no hay un nombre para “pan” -. Así que la ilustración que elabora el nativo dibujante, se traduciría como “Dígnate darnos hoy las tortillas de cada día”… El acontecimiento lingüístico es extraordinario: el Cuerpo de Cristo no está en el pan consagrado, sino en la tortilla de maíz sagrada, la misma que los dioses del Popol Vuh utilizaron para crear el cuerpo de los hombres.

En síntesis, se evangeliza al azteca y se nahuatliza al cristiano, o mejor, mientras los aborígenes aprenden el castellano se podía decir que “Jesús es Tortilla de Vida Eterna, Tortilla de Salvación”.

Texto basado en la reseña elaborada por José Andrés Quintero Restrepo para el libro Joyas Facsimilares: manuscritos e iluminados. Publicado por la Editorial UPB en el año 2016.

Encuéntralo en la Colección Belisario Betancur de la Biblioteca Central con la signatura:268 P372

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